martes, 16 de diciembre de 2008

Ya no tengo miedo y sí orgamos


Con Olivier tardé casi un año en llegar al clímax del placer. Con él todo es sencillo, claro, transparente, obvio. Seguro y raro.

Tan raro como ir a la playa en invierno.


Barceloneta

jueves, 13 de noviembre de 2008

Miedo

- Tengo miedo
- Déjate llevar - me dice mi compañera de piso dando una larga calada.
- Pero tengo miedo
- Tu déjate llevar... - dice mirándome, asintiendo y sacando el humo por la nariz
- Pero... sigo teniendo miedo


Creo que mi frivolidad se ha ido. Y ha sido él el que ha llegado.
No me lo puedo creer.

jueves, 6 de noviembre de 2008

jueves, 30 de octubre de 2008

Frívola


1. Ligero, veleidoso, insustancial.
2. Se dice de los espectáculos ligeros y sensuales, de sus textos, canciones y bailes, y de las personas que los interpretan.
3. Dicho de una publicación que trata temas ligeros, con predominio de lo sensual.

Mi compañera de piso, en uno de sus momentos de confesión alcoholizada, me vomitó encima que yo estaba siendo una frívola.
"¿Qué te pasa? Estás siendo muy liviana con tus chicos...". No me sentó mal, pero me hizo pensar. Y es cierto. Hasta que ella no me lo dijo, no me dí cuenta de que me estoy comportando con total ligereza. Entro en sus respectivos pisos de puntillas, apenas sorbo la cerveza o el vino, casi ni hago ruidos en sus camas, y salgo por donde he entrado como el lejano gorjeo de una paloma. "No dejas huella, para que no te dejen huella", me dice.

Es una opción. Y la he escogido. No me apetece que me dejen huella, que me marquen en el muslo como una res. No me apetece porque todavía tengo su "O" en el culo.


Imagen: Sergi Mora

sábado, 25 de octubre de 2008

Tres en raya

Boomp3.com

Miércoles por la noche.
Película con "Pichafina". Cervezas, risas y me quedo a dormir. Por la mañana me doy cuenta de que he hablado durante la noche. Le pregunto qué dije, y no se acuerda. Yo creo que sí que lo sabe.
Jueves por la noche.
Copas con Chris. "Me das respeto...", me dice. Está acojonado, no sabe como moverse delante de mí. Me abre la puerta del coche, me encanta. Me acerco a él delante de mi casa, nos besamos. Porfín.
Viernes por la noche.
Cena en mi restaurante favorito, cocktail y un porrito. Sí... con Olivier. Mierda...


Groove Armada
Edge Hill

viernes, 17 de octubre de 2008

Sólo para mí



Sólo bastó hacer una perdida a las 2:30 de la mañana para que reaccionase. Me llamó enseguida, pero él estaba de fiesta y yo quería echar un polvo, así que pasamos la cita a la noche siguiente.
Subí la calle a paso ligero, con música cañera en el ipod. En el paso de cebra me paré y ya me notaba húmeda. Hacía unas semanas que no follaba y tenía ganas.
Unas copas de vino, un par de porros ligeros y nos tiramos torpemente el uno sobre el otro. Mi "cerdako" es muy cerdako. Un chiquillo, de 25 años, con fuerza y vigor.

En pocos minutos me empujaba contra la pared y me decía cositas a la oreja. Es tan cerdako que no se calla cuando folla. (Siempre he pensado que hay dos tipos de tios: los que hablan cuando follan y los que callan cuando follan. Ya desarrollaré en otro post esta dualidad lingüistico-sexual).

Me tocó, con su mano, que ya no recuerdo si era la derecha o la izquierda, y como hacía casi una semana que no me masturbaba me dió muchísimo placer. No me corrí, porque sólo he sido capaz de correrme con Olivier, pero madre mía me dejó escaldada ahí abajo.

"Toda tuya..." - me dice cuando me pongo encima suyo. Me chifla mi cerdako, es tan bella esta frase. Toda tuya... ¡me la entrega, me la dá sólo para mí! ¡Sólo para mí!

Fueron tres polvos. Y el mejor, el del martes por la mañana, a las 12. Creo que a medida que vamos haciéndolos vamos mejorándolos. Puro sexo. Ciao Olivier.



[Hay un par de comentarios que me han hecho pensar en retirarme. Pero tengo una manía, soy demasiado fiel a mí misma. Sólo basta que me digan que "no" para que consiga un "sí".

Estoy viva. Con trabajo, pero estoy viva.
La Chorby-Agenda sigue en expansión pero con más cautela.

Acabo de llegar de una cena con "el rayas". Ha sido interesante, pero el chico era demasiado serio. Yo, mujer de risa fácil, se lo dije y todavía le fasciné más. Ataques de narcisismo aparte, su reacción fue buena, cosa que me hace mirarlo con otros ojos. Es muy alto, muy grande y juega a baloncesto. Quizás tendrá un pene interesante, como sus brazos, a los que no podía dejar de observar. Puede que en una semana nos volvamos a ver, para unas copas y quién sabe.

Y hay otros comentarios a los que... sólo soy capaz de decir que sois super monos. ]


Sergi Mora
Tengo el corazón de baja

domingo, 28 de septiembre de 2008

A la crisis, amantes


Un domingo, y con el primer catarro del otoño aprovecho para poner (-me/-os) al corriente de la Chorby-Agenda.

Sí, lo sé, hoy llega Olivier. De echo, estoy segura que ya estará en su casa. Ese piso de la zona alta que huele a incienso y ficus. Pero volviendo a los chorbys. Ayer repasé la lista con mi compañera de piso. Ya tienen sus respectivos motes, sino no me entendería ni yo misma:

- "El rayas". Un chico que conocí y llevaba una camisa negra a rayas diplomáticas. Todavía no hemos vuelto a quedar, pero hablamos demasiado por messenger. Profesor de máster pero me temo que un poquito "quillo", no sé si encaja mucho conmigo...

- "El hombre misterioso". Un chico que conocí hace ocho meses, con dos faros azules como ojos. Nos gustamos muchísimo, pero era una de esas noches en las que se alinean los astros y nada ocurre. Nada. Me lo volví a encontrar el viernes pasado. Otro flechazo en ambas direcciones. El problema es que es demasiado tímido. En un descuido mío me acerqué a la barra y me topé de bruces con Chris.

- "Chris". Lo conocí hace dos semanas. Fuimos a cenar. Tiene los ojos verdes y es un poco "zopaz", me encanta. Es muy gracioso y siempre hablamos con dobles sentidos. Me rio mucho. El viernes pasado nos volvimos a encontrar, yo con mis amigas y él con los suyos. "Ayer por la noche pensé en tí", me dice. "Aha...", digo yo retorciéndome un mechón de pelo. "Bueno... llevo desde marzo pensando en tí". Creo que es lo más bonito que me ha dicho un desconocido: todavía no me conocía en marzo y ya pensaba en mí. Me encanta Chris.

- "Pichafina". O alias: cerdako. Un par de mensajes, nada de sexo, pero sé que tenemos más cosas pendientes. Nada más.


Ah, no sabía que buscar trabajo ocupase tanto tiempo. Ahora entiendo la magnitud de la crisis.



Atracción a la que debía haberme subido
Forum, Merçè

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta



Es decir, cuando Olivier está en África, yo amplio Chorby-Agenda. Y por momentos.
Aquí estoy, a un día de cumplir 25, y no sé cómo he hecho para tener a un "cerdako" a dos pasos de mi casa. A un chico graciosillo que me cuenta chistes a cualquier hora. Y otro altísimo, jugador de baloncesto, que me trata como una reina.

"Te estás preparando para los 25", me dice mi amigo gay. Creo que él es el único que me entiende de verdad. Porque un par de conocidas están escandalizadas.

¿Realmente es para escandalizarse?


Málaga
Agosto 2008

martes, 16 de septiembre de 2008

Ampliando la "Chorby-Agenda"


En el mundo gay ya está todo descubierto. Pero es en el mundo hetero donde todavía nos queda mucho por aprender.
Tengo un amigo homosexual que ha estado con más de 75 tíos. Y dice 75, por intentar dar con un número redondo. Obviamente internet es una buena fuente de contactos y ahí estaba yo, con mi amigo, viendo las proposiciones. Una de ellas era ser un "cerdako" en la cama.

- ¿Cerdaaako? - digo yo.
- Sí tia, cuando vas asaco, super guarro: coger del pelo, pegar en el culo, escupir...

Y así de "cerdako" la tuve el sábado pasado. Salí de noche a trompicones con mi hermana. Caímos, a la fuerza, en un rancio y clásico garito de la zona alta. Me tropecé con él copa en mano. Veinticinco añitos, alto, atractivo, aniñado, poco maduro, nervioso... porreta. Le cogí cariño, y creo que la causa fueron las dos galletas de marihuana que me habían dado antes.
Fui a su casa, Ikea-total-look. Soltero, solo, singel. Perfect.
Y me sentí estupendamente. Fue "cerdako", fue fuerte, rápido, corto, largo... fueron dos polvazos de niño de 25 años. Vaya ritmo... enseguida noté la diferencia con Olivier, hombre que supera la treintena, tranquilo, dedicado, atento y muy paciente.

- Te pongo en mi "Chorby-Agenda" - le digo entre las sábanas.
- ¿¡Sí? ¿Me haces un hueco? - ¡Ai, cosita!


PD: Ah... el 18 cumplp 25...


Otra sala pija
Barcelona, septiembre 2008

lunes, 8 de septiembre de 2008

Marcas

Hoy Olivier se ha ido a África.
Se ha ido y, una semana después, todavía tengo la marca de sus dientes en mis pezones.

Boomp3.com

Canción: Edge Hill
Grupo: Groove Armada

viernes, 5 de septiembre de 2008

Correrse en la boca


El otro día tuve un interesante debate con dos buenos amigos sobre dejar que se te corran en la boca.

A mi lado estaba mi amiga del colegio, una chica monísima, muy tetuda, pequeña, psicóloga, algo tímida y con un buen carácter. Delante de mí, mi mejor amigo también del colegio. Gay, extremadamente culto, intérprete de inglés, danés y árabe y con una lista de conquistas que, a día de ayer, llega al número 69.

Yo hablaba de mi apasionada noche con Olivier, del sexo anal de esa mañana y de que en la ducha se me corrió en la boca. La psicóloga soltó un "eeecs" muy bien gesticulado. Y el gay se relamió los labios.
- A mi no me gusta... eso sí que es pornográfico - me dice mi amiga.
- Uf, sí que lo es... y me pone tanto. ¡Ay, papito! - suelta el intérprete.

Y yo me quedé perpleja. Ambos dos, aunque a uno le gustase y al otro no, me decían lo mismo.

¿Realmente es muy guarro/pornográfico correrse en la boca de alguien?

Bueno, ahí lo dejo.



Mi pareo al viento
Málaga
Agosto 2008

martes, 2 de septiembre de 2008

Agujetas sexualmente anales


Ayer me pasé todo el día con agujetas.
En el interior de las piernas, en las nalgas, en la planta de los pies y en el ano.

El sexo anal es una modalidad que en un principio me hace simple gracia. Divertimento puro. Pero nosé porqué razón con Olivier es algo que me enloquece.

Debían ser 12 del mediodía del este domingo. Dormíamos extasiados de una larga tarde-noche-de-sábado de sexo. Hacía más de un mes que no follábamos, y sentíamos que teníamos que amansar la bestia que tiraba de nosotros. Estaba de espaldas a él, soñando qu dormía en mi cama, cuando noté su mano contra mi barriga. Me arrastró a lo largo del colchón hasta colocar mi culo contra su entrepierna. Todavía dormíamos: yo, él y su pene. Así nos quedamos una media horita, todo mi cuerpo empezaba a desarrollar ya esas dulces agujetas del día anterior y casi no podía moverme. Él tampoco, pero ahí estaban sus movimientos de cadera, presionando su miembro contra mis nalgas. Dulce despertar.

Y mientras presionaba yo me despertaba, y cuando abrí los ojos ya tenía la punta de su pene en la entrada de mi sonámbulo ano. "Uf... qué pereza...", pensé o creo que lo dije en voz alta. Porque paró y jugueteó con mi clítoris. "Bon jour...", me dijo susurrando lascivamente a la oreja. Y como una puta cerilla, o como cuando enciendes la televisión, o como cuando hierve el café en la cafetera, me puse cachondísima en un segundo. Me puede tocar, restregar su miembro por el cuerpo, chupar, lamer, besar, moder... pero si además lo acompaña de unas palabritas tan sencillas pero dichas con tal intención, ya está. Ya me tiene.

Torpemente volvió a presionar su pene contra mi ano, despacio pero con fuerza. Poco a poco. "No va a entrar... no he dilatado...", pensé. Pero el muy cabrón es bueno en el sexo anal y, con muchísimo cuidado y paciencia, entró la puntita. Y la volvió a sacar. Y volvió a presionar, poco a poco, poco a poco... muy poco a poco y entró otra vez. Ahí se quedó, un rato. Tenía pequeñas contracciones y no veais cómo le pone notar cómo mi cuerpo lo repudia, por instinto. Presionó otra vez y metió un poquito más. Pero volvió a sacar su pene, con suavidad. Estaba recostada en el lado derecho y jugueteaba con mi clítoris, él, sobre sus rodillas ante mi culo, miraba como me masturbaba.

Volvió a señalarme con su miembro. La punta entró con facilidad, ya estaba lista. Luego un poco más. Me cogió de la cadera, con las dos manos. Su cabeza se fue al cielo. Me e-n-c-a-n-t-a ver esa imagen: mi hueso y mi carne de la cadera aprisionados debajo de esas manos de cirujano. Ver cómo la piel se me hunde justo en la cintura, porque tengo el culo subido, ofreciéndole mi placer.
Ya estaba toda dentro, seguía teniendo pequeñas contracciones pero ya habían pasado esa frontera de "esto es un cuerpo extraño" a "me gusta esto...". Me folló gimiendo como hacía tiempo. Me enloquece oirlo gemir, él no suele hacer muchos ruidos cuando follamos, sólo son jadeos comunes. Pero cuando lo hacemos analmente su voz se desgarra. Se vuelve más aguda, volátil, como su voz cuando debía hacerse sus primeras pajas. Dios... cómo me excita.

Me cogía con más fuerza de la cadera, me atraía hacia él en cada embestida, nuestro cuerpos chocaban con fuerza. La sentía grandecita en mi ano, y estaba totalmente lubricada.
Fue una locura de placer. Gemía y gemía y yo me ponía más burra, era impresionante. Pero todo tiene su fin, y el suyo fue que no podía más. Le ha pasado unas cuantas mañanas, pero no me importa. Le se bajó de golpe la erección y se tumbó a mi lado.
No hizo falta decirnos nada, porque sabíamos que en la ducha, con agua caliente para apaciguar las agujetas, el sexo anal de tres estrellas Michelín iba a continuar.


Imán de su nevera, de cuando fuimos EE.UU.
agosto 2008

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ahí. Justo ahí.



He follado con Olivier.

Me llama a las 3:30 de la tarde del sábado. Me dolía la cabeza de la fiesta del día anterior. Nada destacable, sólo un chico muy alto pidiéndome el móvil... y le dí el de verdad.
Me ducho y lavo los dientes a la vez. Me repaso las ingles. Me tomo dos ibuprofenos y salgo a por un taxi.
Me planto en su casa a las 4:30 de la tarde. Vemos unos vídeos en su ordenador, él está nervios y yo controlando la situación. Me voy a su cuarto y me tumbo en ese colchón que tantos gemidos y fluidos nuestros a sentido. Él se tumba a mi lado. Me encanta cuando me dice que le duele la espalda, eso significa "quiero que me folles".
Accedo a hacerle un masaje. Eso significa que nos vamos a tocar. Desde hace más de un mes que no todo su piel. Se quita la camiseta y en silencio se tumba bocaabajo, yo me siento en sobre su trasero y procedo a masajear sus cervicales. Respiramos a la vez.

Bajo hasta su cuello y le doy un beso, luego en el otro lado. Pequeño, suave, sin hacer demasiado ruido. Me mojo los labios y le doy otro un poco más abajo. Voy a la espalda y mi lengua rueda a lo largo de su columna. Subo y jugueteo con su oreja derecha. Ojalá pudiese mordérsela y llevármela a mi casa, para masturbarme con ella cada noche. Él mueve el culo hacia arriba, apretándolo contra mi entrepierna. Deslizo una mano por su costado derecho y busco su pequeño pero precioso pene. Noto su oscuro y rizado vello en la yema de mis dedos. Su culo está buscando guerra, y la va a tener. Gira su cara hacia la derecha y yo me acerco: nos hablamos con los suspiros. Oigo su respiración acelerarse cuando mi mano se hunde dentro de su pantalón. Me pone tanto notarlo existarse bajo mis manos.
Está salidísimo, y respira con la boca abierta. Me levanto un poco para que entienda que quiero algo más. Se gira con prisas y me intenta arrancar los tejanos. Le paro un poco las manos y quito la ropa con prisas. Él se está quitando los pantalones y me mira exageradamente lascivo. Serio, con la boca abierta, respirando fuerte. "Quiero follarte", me dicen sus ojos. La pasión es intontrolable. Totalmente salvaje, libre, como un huracán de fuerza 7. Vuelvo a sentarme encima de él. Me aparta la braguita negra y coloca su pene en la entrada del cielo. Cuántas veces he disfrutado con esta sensación: el principio, cuando mi cuerpo y el suyo están vírgenes el uno del otro. Cuando la presión sanguínea aumenta. Cuando mi boca se hace agua.
Me penetra con suavidad, mirándome. Estamos demasiado excitados. "O lo hacemos a lo bestia o mejor paramos", pienso. No puedo más, el hijo de puta ya sabe dónde me gusta. Me hace inclinarme hacia atrás y, poco a poco, aprieta su pene hacia dentro y hacia arriba. Justo ahí. Es él el que se mueve, yo no puedo. Dentro y fuera, con suavidad, presionando en la pared anterior, como me gusta. Ahí. Justo ahí. Su pene está caliente, ardiendo en mi interior.
Gime al verme cerrar los ojos, siento tanto placer que me vuelvo ciega. Y él sigue, ahí, justo ahí, con fuerza, arriba, despacio. Y fuera otra vez, y me coge de la cadera, y vuelve a penetrarme, fuerte, fuerte, muy fuerte me empuja hacia abajo. Hace fuerza.
Me e-n-c-a-n-t-a.
Ahora me muevo yo, deprisa, y más. Muy deprisa y más. Lo veo disfrutar y siento su pene arriba, presionando. Se levanta de golpe, me abraza y reposa mi espalda en el colchón. Mira cómo me la mete, y yo lo miro a él frunciendo el ceño. El placer es desgarrador. Y ahora hago algo que me encanta, que a él y a todos les excita tremendísimamente: mis manos en su trasero, firme, redondo, duro, y yo apretándolo contra mi sexo, con fuerza, controlando el movimiento: dentro, fuera, dentro, fuera, dentro y fuera. Y más dentro fuerte, y a fuera despacio. Y dentro-fuera, dentro-fuera, dentro y dentro y arriba, y más dentro. Muy deprisa.
- No... - dice - ... no... si... si... sigas... no sigas... - alcanza a decir, pero yo estoy fuera de mí, completamente ida, tremendamente excitada. Más deprisa lo aprisiono contra mí, tan fuerte que hacemos mucho ruido. Chocamos una y otra vez el uno contra el otro, salvajemente. Y más, y más. "La ventana está abierta, nos van a oír los vecinos. Me da igual. Pero estamos haciendo demasiado ruido. Da igual", pienso.
Con tal fuerza mis manos estaban apretándolo contra mí, que no pudo más.
- No... jo... jo-der... no - gimió hacia el techo y se corrió en mi pierna, en mi estómago, encima del pircing del ombligo, encima de mi pecho izquierdo, en mi cuello. Él seguía masturbándose, poco a poco, y seguía corriéndose. Notaba el calor de su interior en mi barriga, estaba empapada.
- No... Olivier... todavía no... - le digo yo entrecortada. Quería seguir.
- No puedo, cuando me coges por ahí ya sabes que es insoportable. - me dice tumbándose.
- Ya, pero es que... casi, estaba.
- No puedo, de verdad... porque... veo que te excitas muchísimo apretándome el culo... y me guías hasta donde te gusta, ahí arriba... y esa zona... a mí... me pone demasiado. Tan blanda... tan tierna...

He pasado todo el domingo follando con Olivier en su casa. Se va dentro de una semana a Africa, y necesitábamos el uno del otro. Sexo en el sofá, en la cocina, sexo oral, sexo manual y un sexo anal esta mañana de tres estrelas Michelín.

Algunos imanes de su nevera
30 agosto 2008

viernes, 29 de agosto de 2008

Ahora salgo de fiesta y lo soluciono


Esta tarde he tomado unas birras con Olivier.
El domingo que viene se va a África, tres semanas, y queríamos vernos antes.

Hacía más de un mes que no nos veíamos. Sólo dos llamadas para saber que estamos vivos y punto y aparte. Pero no podemos evitarlo. Somos el negativo y el positivo de un imán, y cuando uno se aleja el otro lo atrae. Sin quererlo, por naturaleza. Porque sí.

Esta mañana, en el trabajo, he olido algo raro. Agradable, de esos olores que traen sensaciones. A los pocos segundos se me ha pasado y he seguido con mis aburridas tareas. A las 2, cuando preparaba la comida, he vuelto a sentirlo. Más fuerte, olor a incienso, a perfume de madera de hombre, a ficus. Se ha ido y he seguido pelando el pepino. Pero he parado. Así huele la casa de Olivier. No me ha entristecido, simplemente sorprendido.
A las 5 sonó mi movil: era él. ¿Cómo puede ser que me haya pasado todo el día olíendolo y al final me llama?

Dos cervezas y una conversación profunda. Mis pajas mentales sobre "¿hay vida después de los 25?" y sus inquietudes típicas antes de una viaje de ese calibre. Me sentía tranquila, pero obviamente no he podido evitar poner alguna que otra de mis caritas-para-ligar.

Hemos vuelto a mi casa andando, parándos para puntualizar alguna idea, para mirarnos. Eso es todo. Nos hemos abrazado en el portal, le he dicho que se convierta en Bob Espoja, gran sabio del siglo XXI. Nos hemos reido, mucho y él más. Escondía algo...

- Va, Olivier, ¿qué?
- Nada, nada... - riéndose
- Venga, suéltalo - me he puesto seria - va, dime.
- ... ¿Sabes que eres la única chica con la que he estado que con solo abrazarla ya me empalmo? - lo tenía a 5 centímetros de mi nariz. Le he sonreido picaronamente.
- Pues yo llevo tres días muy sensitiva. Perdidamente cachonda y hoy, encima, te he olido.
- ... y viniendo hacia aquí, en la moto, me he empalmado. - mi cara ya era un cuadro de sexualidad pura. Qué imagen: Olivier en la moto y con un bulto importante dentro de su pantalón. Nos hemos vuelto a abrazar. Notaba su preciosa y pequeña polla contra mi entrepierna. Cómo ardía allí abajo.

Ha sido él el que me ha cogido de la cara, finalmente, y me ha dado un beso. Nos mirábamos y me veía en sus ojos.
- Me veo en tus ojos - me dice el muy hijo de puta.
- Y yo en los tuyos... cabrón.

Dos suaves besos y hasta dentro de un mes.

Estoy bien.
Estoy bien.
Estoy bien.
Ahora salgo de fiesta y lo soluciono.
Ahora salgo de fiesta y lo soluciono.
Ahora salgo de fiesta y lo soluciono.


Málaga, playa
agosto 2008

jueves, 28 de agosto de 2008

Hoy no he podido dejar de tocarme




Estaba tarde iba un poco fumada, como ahora, y tan solo eran las 4 de la tarde. Me he puesto cachonda calada tras calada. Para calmarme he deshecho la maleta, que ya empezaba a oler a arena gastada y una mezcla de tres tipos de crema solar. Era agradable, pero sentia en el fondo de la garganta la sal del mar. Mientras ponía ropa en la lavadora me he calmado. Suelo ponerme a lavar los platos cuando lloro por un motivo u otro y me tranquiliza coser cualquier gajo insignificante de tela cuando estoy muy cabreada. La rutina y moverme por inercia apacigua mis hormonas, serotoninas, endorfinas, adrenalinas y estrógenos, obviamente.
Cuando he visto la maleta abierta y completamente vacía me he vuelto a poner cachonda. Ya era irremediable. Me he metido en mi cuarto, he rebuscado entre mis braguitas de mercadillo y las de marca y, porfín, lo he encontrado.
Me lo regalaron dos amigos míos. Hacía tiempo que quería uno, pero no me atrevía a comprármelo. Fue hace tres años, y ya me veían algo ninfómana. Pero se equivocaron, porque desde entonces que no he cambiado las pilas. Mi Michel, en honor a Michel Brown, es rosa, grande, un poco rugoso y vibra silenciosamente en tres velocidades.
Suelo jugar mucho con el capullo. Perfectamente delimitado. Muy bonito, la verdad. Esa punta en la segunda velocidad me pone tremendamente burra. Muy burra. Es genial cuando siento cómo rozando un punto muy específico y diminuto del cuerpo mi 1'86 es capaz de retumbar y explotar de tal manera.
He jugueteado un buen rato desnuda en mi cama. Todavía oía los paletas, debían ser las 6 de la tarde. Me lo he puesto en la boca, para suavizarlo, lubricarlo con mi lengua. Y...y dentro, y fuera, y dentro, y fuera. Sabía cuales iban a ser los movimientos de Michel. Estaba excitada pero no demasiado húmeda, y aquello empezaba a escocer. Pero joder... que burra me he puesto. He oído uno de los paletas gemir de esfuerzo y en diez putos segundos estaba chorreando. Y más: y dentro, al fondo, y fuera poco a poco. Metiéndomelo dentro inclinándolo hacia arriba, aprentando ahí. Ahí. Ahí. Un poco más fuerte, arriba. Ahí.
Un poquito fuera, presionando mientras sale, y luego dentro muy poco a poco, entera. Empujando para notarla en todas las paredes. Otra vez fuera, lentamente, girando un poco. Y cuando el capullo pasa por ahí arriba, justo ahí y un pelín a la derecha, apreto, fuerte hacia arriba. Fuerte, sacando y repasando, con fuerza. Ahí... ahí. Justo ahí. Ahí.

Ahí. Ahí... ay... ah... ah...

Me he corrido muy agusto. He gemido y he explotado desdel el fondo. Vaya gustazo.
He disfrutado un poco más de la comodidad de la cama, con Michel en una mano, las piernas abiertas y la sangre caliente bailando dentro de mis venas. Qué subidón. Me encanta correrme. Y prefiero cuando me corro sola. En compañía también lo consigo, pero no llego a disfrutar del verdadero placer: justo después de tener el orgasmo, esa paz interior y exterior. Esa fuerza centrípeda de tranquilidad.
He acabado en la ducha, agua templada casi demasiado caliente. Me ha gustado ver el vapor del agua lamer mi cuerpo tostado. Me he divertido poniéndome jabón dentro de la marca del bikini. Frotar un poco y otra vez. Perdidamente cachonda. Así que he pasado a fría, me he desenredado el pelo y me he calmado. Mientras me secaba he visto mis pezones en el espejo señalarme inquisitivamente, en plan: "mira niña, como no te corras de una vez por todas te vamos a hacer daño, ¡puta!" Me he puesto crema en todo el cuerpo, generosamente. Hoy no he podido dejar de tocarme, coño.
He cenado un poco de sandía, una Damm negra y un porrito. Pero estaba viendo una película que plagiaba a la Cenicienta, y me he vuelto a poner cachonda. Me he tocado los labios y estaban muy calientes. Los he abierto un poco y... una lágrima cayó en la arena... ay... que en la arena cayó mi lágrima.

Así que lo mejor que me espera ahora mismo es irme a la camita, como una niña buena y a contar orgasmos saltar por encima de una polla rosa. Porque los días sensitivos son para sacarles partido.

Good night.


Málaga
agosto 2008

martes, 26 de agosto de 2008

Ya llego

Olvido el cielo azul, el sol amarillo, el mar turquesa y el vestido rosa, por el gris del asfalto, las nubes blancas a las 8 de la mañana, el marrón del café con leche y el negro de los zapatos.
Bueno, por lo menos me he traído la marca del bikini.

Y para empezar en la oficina sin depresiones posvacaciones, nada como un jefe dominante y tremendamente sexy.



Jugosísima canción. Porfavor, quiero interpretaciones.

Canción: Yes Boss
Autor: Hess is more

martes, 19 de agosto de 2008

Sábanas nuevas


Me encanta masturbarme en los hoteles.
Y sobretodo en este. La cama está hecha con esmero. Las sábanas, impecablemente blancas y algo frías, están bien cogidas por debajo del colchón y me deleito notándolas contra mi cuerpo desnudo y acalorado.
Antes de meterme, paso la mano por el fino cubrecama, por la almohada, por mi cuerpo. Abro un trocito, lo justo para introducirme y sentirme, literalmente, dentro de un sobre. Poco a poco estiro las piernas y las subo para agrandar el espacio dentro de este iglú de tela. Las sábanas susurran sobre mis rodillas. No me quito ni el pijama ni las braguitas, porque no llevo. Me encanta ver mi cuerpo algo dorado cómo contrasta con la pulcritud virginal de las sábanas nuevas.
Y luego, después de abrir más y más las piernas, pierdo las manos donde acaba mi cuerpo.

Delicioso.


Puesta de sol desde mi ventana
17 de agosto de 2008

domingo, 17 de agosto de 2008

A veces me gustaría ser más zorra


Estoy en Málaga, pasando unos días con mis padres y más familiares.
Estoy sola en una habitación de más de 150 € la noche. Tengo una mega ducha con hidromasaje, un mega armario, una mega televisión de plasma, una mega cama y un mega minibar. Y, repito, estoy sola en la cama.
Piel bronceada, crema suavizante en el pelo cada día a las 9 de la noche, crema hidratante en todo el cuerpo, pocas joyas y poco maquillaje, vestidos ligeros y cachonda. Así voy todo el día. Cachondísima.
Hay un chico por aquí que no para de mirarme. Cuando salgo de la piscina lo veo pasarse la lengua por los labios. Es obsceno, pero me sentaría muy bien. La pena es que es bajito y tiene pinta de tener la picha fina. Horrible.
Pero joder, a veces me gustaría ser más zorra para ligarme a uno de los tremendos camareros en prácticas del magnífico buffet. A veces me gustaría ser más zorra para poder darle mi número de habitación y que se pasase "a eso de las 12, para tomar la última copa, invito yo". Me he fijado en uno que sirve con algo de patosidad, ronda con su chaleco rojo es alto, moreno, ojos claros, acento andalúz y unos 18 años. Jugoso. Pero no hay posibilidad, por las tardes desaparece y sólo se queda uno que es rubio, ojos azules, me llega por el ombligo y tiene un exagerado acento sevillano, "zí, zeñora... ¿qué quiere? claro que zí, un zezizero pa la niña".

A veces me gustaría ser más zorra para ser capaz de pasearme por la habitación desnuda y con las cortinas abiertas.

Me gustaría ser más zorra para rozarme con los botones, que sudan trajinando maletas arriba y abajo.

Más zorra para follarme al primer pijo que pasase por delante de mi habitación.

Zorra para zorrear como una buena zorra.


Vistas desde mi habitación
17 de agosto de 2008

jueves, 14 de agosto de 2008

Tetas y champús



Después de patearme una buena parte de Barcelona buscando un gel no sea ni fuerte, ni extra-fuerte, ni mega-fuerte, simplemente gel, porfín encuentro una droguería.
Dos despendientas jóvenes detrás del mostrador, una sudamericana y la otra autóctona. Miro entre los champús, suavizantes, espumas y lacas en busca y captura de un gel.
- "¿Te puedo ayudar en algo?" - me dice la segunda dependienta, menuda, pelirroja y demasiado maquillada. Me la quedo mirando un rato, es guapa pero tanto potingue la estropea.
- "Sí. Estoy buscando un gel, que no sea ni fuerte, ni extra-fuerte, ni mega-fuerte. Un gel moldeador, suave" - Le digo sin poder evitar fijarme en su tremendo escote. Lleva una bata azul marino, debajo una camisa blanca abierta, debajo un sujetador rojo de encaje y, debajo, dos enormes pechos aprisionados. Se le veía todo. Eran rosas, con alguna estría, pero preciosos.
- "Ah, sí.... mira este está muy bien" - se adelanta, la bata le llega justo por debajo del trasero, dos nalgas perfectamente redondas y moglas, me daba ganas de tocárselo. Alcanza un gel y lee el reverso. Me lo da y sí, porfín un gel suave para cabello rizado. Bueno... parece que la chica sabe de lo que hablo, así que aprovecho.
- "Estaba buscando una crema para puntas abiertas, pero sin aclarar." - le digo. Sus enormes pechos me señalan el estómago, desde aquí arriba suelo ver todo tipo de escotes, pero este es descaradamente sugerente, apetitoso. Si me encuentra la crema, le pido otra cosa, pienso. Ese pecho es tremendamente agradable a la vista. Mientras se acerca con un pote en las manos, sus tetas suben y bajan sutilmente, al son de sus pequeños pasos. Me he excitado viendo ese espectáculo. ¿Cómo se moverían ese par de tetas mientras cabalga encima de su novio?
- "Mira, yo tengo esta crema... me va muy bien..." - dudo mucho que se ponga esa crema, porque es para cabello rizado y ella tiene el pelo liso, liso natural. Sólo podía imaginármela poniéndose esa crema para puntas abiertas en sus pezones - "Sí, me va muy bien, y el gel que te acabo de dar también lo utilizo mucho, es muy fresco". - Entonces he vuelto en mí. Creo que ya vamos mal. Y aquí, delante de mis ojos, la típica dependienta mala que todo lo que haya en la tienda lo ha probado y le encanta y le va muy bien y lo utiliza mucho.
- "Vale... me llevo el gel" - le digo. Se adelanta y uno de sus pechos me roza la barriga... vaya mordisco le pegaría. Mientras me cobra la dependienta sudamericana, entra una clienta. La atiende la tetuda. Mismo protocolo: "¿puedo ayudarla en algo?"... bla, bla bla... pero lo que pide la mujer es curioso: "busco un champú para cabellos blancos", dice la señora entrada en años y en canas. "Ah, sí... este de aquí está muy bien, y es el último que nos queda", dice la tetuda. Mientras salgo de la tienda lo oigo, y no me lo creo: "yo tengo este champú, y lo utilizo mucho, me va muy bien".
Claro que te va bien, cuando tu novio te lo echa en la cara.


Mi pelo al viento
Abril 2005

miércoles, 13 de agosto de 2008

San Lorenzo


Eran las lágrimas de san Lorenzo la excusa para vernos.
Hacía tiempo que nos conocíamos y sólo nos habíamos visto una vez, en marzo, y fuimos a la playa, con mantas, birras y un canuto.
Ayer, a las 3 de la noche, no sólo los gatos se vuelven pardos. Todo era oscuro, pero de un marrón ténue, castaño. Una penumbra agradable.
Vi mis chancletas negras correr por las baldosas grises. Una luces me cegaron y detrás dos ojos ligeramente inclinados a la derecha. Media sonrisa y una mano en el mentón bastaron para entendernos.
Volvimos a la playa, pero esta vez cambiamos las mantas por toallas. Las birras nos las sirvieron un vietnamita sacado de los años 70, y el canuto lo preparó él, peleón, muy peleón. Lorenzo lloraba como un niño. "¡Mira, una! ¡y allí! ¡allí otra!..."
Sólo quería lanzarme a su cuello, literalmente, pero no pude. Nos reímos, hablamos de las almas, de la energía y de la oscuridad.
Volvimos al coche, una hora más tarde, ambos con sed. Con sed del uno al otro. El regreso se hizo corto, como una estrella que deja estela.
"Pide un deseo", me dijo.
"Volverte a verte", pensé. "Ser feliz", dije.
Dos besos, y vi la llave girar en el pomo de mi apartamento. Volví a la penumbra de mi habitación y me masturbé como hacía tiempo que no disfrutaba yo sola.



Imagen: Ibiza, platja d'en Bossa
Julio de 2004

jueves, 7 de agosto de 2008

Guiris


[El chico inocente no es tan inocente como creía.
Tiene novia pero lleva una temporada asqueado, aburrido. Y, encima, hace unas semanas "te conozco", dice. Animalito, pobre alma perdida. No voy a hacer ningún movimiento, me considero una chica clara y concisa cuando algo me interesa, y él lo sabe.]

De momento el verano en la ciudad parece interesante. Hace un par de días di una vuelta por el centro. Mucha gente, mucho calor, muchos guiris. En Las Ramblas, junto con los vendedores de pájaros, era la única autóctona.
Los guiris, buena especie. Se sientan en las terrazas, se toman su medio litro de cerveza a las 3 de la tarde, para merendar y miran al personal desfilar. Luego cenan en esa misma terraza, con casi tres litros de cerveza en sus venas, alguna paella de la marca Paellador: arroz duro e insípido, vuelven al hotel, se duchan, cambian sus Crocs con calcetines por zapatillas deportivas último diseño, y salen a por "españolitas".
Veranos pasados me divertía con ellos. Son fáciles de convencer, manejar y pervertir. Pero ahora todavía sigue presente la esencia de Olivier, puto Olivier, no hay manera de quitármelo de la cabeza. Hoy, durante el sueño de mi siesta, me decía algo así como "no corras tanto, ahora vengo, tú espérame aquí, a las 12 vendré". Y yo lo esperaba, engalanada con un vestido largo, y esperaba, y esperaba. Y esperaba. Y se hacían las 2 de la mañana, y no aparecía. Y yo sola, sin él, me sentía rota. Hasta que aparecía alguien: "no ha podido venir, mañana". Y me he despertado entre sudores y palpitaciones.

Necesito irme o, al menos, hacer de guiri en mi propia ciudad.


Imagen: Formentera, Illetes. Verano 2004

jueves, 24 de julio de 2008

Verano en la ciudad



[Recordatorio al lector:
Me acuerdo de algo que me dijo una vez mi tia-abuela ciega. Acababa de llegar de Casablanca, Marruecos (la tierra de mis padres), estaba cansada, tenía sed y me dijo: "Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas".

No creo que nada sea más bello que el silencio, y gracias a él me he repuesto.

Olivier desapareció. La esencia de ese hombre treintañero, aparentemente seguro de sí mismo, con moto, colchón enorme en el suelo, incienso, dvd's musicales y robustas manos juguetonas, se desvaneció hace ya un par de meses. Lo decidí porque era mi droga y no era consciente. Estaba triste, estresada y agobiada de mí misma y me refugiaba en su cama. Hasta que me harté.
Tras un mes de soledad y bastante abatimiento, conseguí llamarlo, hablar con él y sentirme totalmente libre. Nos hemos visto un par de veces, pero ya no es lo mismo. Sólo hace falta que nos den un golpe con una barra de metal para que acabemos convirtiéndonos en el propio metal.]




El verano en la ciudad es un asco. Los que trabajamos jornada intensiva tenemos que darlo todo por la mañana y luego pretender ser capaces de o ir a la playa, al cine, a tomar una birras o a hacer la compra. Pero acabamos en el sofá medio dormidos y viendo algún programa de sobremesa con nombre veraniego.
Pero lo bueno que tiene el verano en la ciudad son aquellas personas que no son trabajadoras. Aquellos que están aquí porque todavía no se han ido. Y, sobretodo, son jóvenes y, sobretodo, chicos.

El viernes pasado salí, desde hacía un mes que no pisaba un bar. Cuatro chicas trabajadoras que pasan el verano en la ciudad rodeadas de chicos no trabajadores que pasan el verano en la ciudad. Jugoso.
Veinticuatro años recién cumplidos y acababa de licenciarse. Altísimo, moreno y ojos turquesa. Lo he encontrado, mi "amor de verano". Casi lo había olvidado. No es que sea una asídua de los enamoramientos estivales, pero el calorcito invita. Cuando tenía 18 años, estuve con un chico seis años mayor. Estaba en su último año de carrera, filología inglesa, se llamaba Juan y tocaba en la tuna la bandúrria. Una perla de verano. Muchos besos, algún que otro toqueteo y muchas horas al teléfono. Pero en septiembre me cansé y no se me ocurrió otra cosa para romper con él que decirle: "creo que me gustan las chicas". Sí, ahora me río, bueno... y entonces también.

Me siento muy identificada con la inocencia. La impusieron en los ojos mis padres. Y qué mejor que unirse con tu propio enemigo. Desde hace años que juego con ella y no puedo evitar derretirme cuando un chico inocente, y que no es consciente de ella, aparece a mis doce en punto.

Este verano o redescubro mi inocencia, o corrompo la suya.


PD: Gracias a los que me habeís enviado botellas con mensajes. Un sincero apoyo, sin duda.


Foto: en la biblioteca en julio.

martes, 17 de junio de 2008

Qui lo sá

Se acabó.
He dejado a Olivier.

Casi un año de intimidad, confidencias, cariño, sinceridad, sexo, ternura, diversión. Y mis sentidos, malditos ellos, acabaron por sucumbir a mis sentimientos.
Es una agonía echar tanto de menos a alguien sabiendo que vive en tu misma ciudad, sabiendo lo que le gusta, lo que no, lo que le excita, lo que le enloquece... Y a mí es él el que me enloquece.

Todo el fin de semana para despedirnos. Largas conversaciones sobre mí, sobre él y sobre los dos. Me he ido de su lado, difícil, torpe, y eso me hace quererlo aún más.
- "Qui lo sá..." - me dijo en el coche, el domingo a las 6 de la tarde.

Y ahora sólo me queda eso. Mi incertidumbre, y la suya, a la que me agarro con esperanza. Pero qué hay más horrible en este mundo que engañarse a uno mismo, que mentirse, que decirse medias verdades.


Estoy muy triste.

miércoles, 4 de junio de 2008

Casi me acuesto con otro



Y digo casi porque no pasaron de un par de manualidades hechas con demasiada prisa y poco empeño.

A Olivier (nombre ficticio de ese hombre que me trae de cabeza) lo había visto el viernes por la noche. Se me hacía la boca agua cuando me besaba. Unas cuantas semanas sin sexo y ya parecía una perra sedienta. Y así acabamos, haciéndolo como animales. A cuatro patas. Despacio y con algún que otro arañazo.

El sábado, en otro reencuentro nocturno en el mismo local de pijos, me volví a encontrar con Julio (nombre ficticio para el otro). Estaba ansioso, como yo la noche anterior. No paraba de sobarme, de decirme que esa noche "haríamos el amor", de invitarme a copas, de besarme delante de sus amigos. De mimarme. Se hicieron las seis de la mañana, llovía y cogimos un taxi. Yo miraba por la ventana, él me miraba. No me hacía sentir incómoda, simplemente necesitaba que me adorasen esa noche.

Subimos a mi piso. Entramos en mi habitación y me tumbé en la cama. Sólo quería dormir y luego, quizás, lo que fuese. Todavía no había descansado lo suficiente del sexo animal de la noche anterior. Se tumbó a mi lado, me abrazó y me quedé a medio camino entre un prado de amapolas y mi minúsculo dormitorio. No tardó en buscar mi entrepierna. Sus manos las notaba como las de Olivier: dedos gruesos, pulgares amplios y articulaciones robustas. Pero no eran las suyas. Eran de Julio y querían dar la talla. Rápido y guarro sin ser excitante. Nada excitante. No sé si estaba dormida, o quizás era la cantidad de alcohol en sangre, o, seguramente, porque no estaba pensando en él.

- "No tengo preservativos" - me soltó en una especie de susurro jadeante.
- "Pues yo tampoco" - le dije. Volvió a buscar mi entrepierna y apretó su miembro. Se estaba quitando los calzoncillos cuando me dí cuenta.
- "No..." - No. Sólo follo sin preservativo con Olivier. No con Julio.
- "Tranquila, tranquila... tranquila" - me dijo. E hizo un intento de hacerme un cunnilingus. Le cogí la cabeza y la subí a mis labios. No quería una decepción más. Sólo Olivier, de momento, sabe cómo hacerlo. Y siempre, siempre, siempre, recreo sus cunnilingus cuando me masturbo. Sólo él es capaz de acercarme al orgasmo. Pero Julio, no.
- "¿No quieres que te lo chupe?" - ¿Que te lo 'chupe'? ¿Chupe? ¿Acaso soy un Chupa-Chups de sandía, o de fresa, o de limón?
- "No, ahora no" - le contesté.
- "¿Quieres ver el cielo?" - me soltó. ¿¡El cielo!?
- "No Julio, ahora no. Tranquilo, estoy bien así" - le contesté.

Me quedé dormida mientras él jugueteaba con mi pezón derecho y yo con Olivier.

Lo malo del asunto es que Julio me hace reír con las tonterías que dice. Y yo hago reír a Olivier.
Le he dicho a mi compañera de piso, sin pensar, que me acabaré acostando con Julio. ¿Lo haría? Capaz lo soy, pero quizás eso haga que me ate, aún más fuerte, al cuerpo de Olivier. A sus manos, a sus ojos, a su olor, a sus oídos. A su lengua.


Imagen: "Fetish Fémina" de Sergio Mora

jueves, 29 de mayo de 2008

No puedo más...

boomp3.com

... con mis compañeras de trabajo.
... con el estrés.
... con no comer bien.

Pero, sobretodo, no puedo más con no follar.


Autor: Sébastien Tellier
Canción: Roche
Álbum: Sexuality

sábado, 3 de mayo de 2008

Gusto


Todavía tenía la menta del mojito en el fondo del paladar.
Y la marihuana empezaba a estar peleona entre mis labios.
En la tele sale un plato de verduras troceadas con una salsa rojiza humeante. Segrego saliva, no sé si por esa imagen o por que está a mi lado, jugueteando bajo mi braguita.
Me da un vaso de vino blanco: José Pariente. Fuerte, seco y muy ácido. Odio el vino blanco y lo sabe.
Me besa. La uva verdeja todavía está en sus labios, salivo y le borro ese sabor con otro beso. Abrimos la boca, mi lengua toca la suya y puedo adivinar su postre: una manzana ácida.
Me acerco a su cuello, él pierde sus manos entre mis nalgas. Huelo su pelo y ruedo la lengua hasta su ombligo. Sabe a antipolillas de lavanda, a Ariel, a Lactovit pero sobretodo, a sudor. Fuerte, palpitante.
Su pene, erecto, colorado. Suave. Muy suave. Lo pruebo tímidamente. Lo beso y me deshago, de una vez, del vino blanco. Restriego la lengua a lo largo de su falo, cato sus entrañas, su sabor, su esencia.
¿Ha frotado su polla con menta? No, no. Soy yo. Estaba al fondo de mi paladar y ahora está en su pene. Su falo sabe, a lo largo y ancho, a menta. Y yo he sido la cocinera.
Bajo a los testículos con la lengua, están blandos y saben a dos tomates demasiado salados. Los derrito con mis labios. Me mira, lo miro. Poso mi menta en sus muslos, subo hasta su ombligo y me da a probar su manzana verde. Yo le doy más menta, él busca la copa de vino blanco. Le paro antes de que acerque el borde a sus labios. Dejo el vaso en el suelo y ahora su manzana está entre mis piernas.

domingo, 20 de abril de 2008

Oído


Me he cambiado la melodía del móvil y todavía no la identifico. Suena, un, dos, tres tonos y entonces me doy cuenta que es el mío.
Bajo y hablamos en inglés. Una melodía que, hasta hace seis meses, me recordaba a la familia. Y ahora a él.
El sonido de su moto es grave, como su voz. Ronca, como la mía por la mañana.
Las llaves en la cerradura de su puerta retumban en la escalera. Tintinean contra la madera, con fuerza.
La luz de su cocina sesea, como un pervertido mosquito con hambre de sangre.
Oigo el vino en el borde de la copa, en sus labios, sobre su lengua, en su garganta, en su estómago. Mi copa suena hueca en el parquet.
Chasquea el mechero.

Suspiro.

Él respira en mi cuello, un tornado sube por mi oreja. El aire arrastra las palabras que sobran. Todas.

Como unos pequeños engranajes, así suena la cremallera de mi pantalón. Y su piel susurra cuando le quito los pantalones.

Soplo, resopla.
Gimo, gime.
Jadeamos.



Puerto de la Barceloneta
19 de abril de 2008

viernes, 11 de abril de 2008

Olfato


Cuando me va a venir la regla, como muchos ya sabemos, me vuelvo muy sensible. Ligeramente sensible sentimentalmente y exageradamente sensible físicamente.
No me puedo depilar, porque se me hace insoportable.
Si me rozan, los pezones borbotean dolorosamente.
Y puedo llegar a perseguir a alguien por la calle sólo por su perfume.

Y el mejor olor visceral que conozco es el del aliento matinal. Cuando todavía Morfeo me coge de la mano y con la otra rebusco entre las sábanas, ese aroma consigue despertar mis sentidos aún sin estar en vísperas del período.

Asomo la nariz a su boca y sorbo su aroma. Porfundamente. Abriendo el pecho, los bronquios, la boca... mi sexo.
Bebo de su boca y él de la mia.
Huelo su pelo, una mezcla entre champú de cítricos y humo.
Sus manos huelen a mí. Todavía. Desde ayer.
Y yo,
yo...
yo apesto a su semen.



Ilustració: Sergi Mora

sábado, 5 de abril de 2008

Tacto

Cuando follo prefiero hacer con luz. Con los ojos. Con la mirada.
Pero cuando toco, acaricio, rozo, prefiero hacerlo con los ojos cerrados.
Lo tengo muy comprobado: siento la diferencia entre pieles, temperaturas, rugosidades, suavidad... Y su espalda es demasiado suave. Tanto que las yemas de mis dedos se queman, arden como las brasas. No me gusta acariciarlo con la palma de la mano. No. Con la punta de mis dedos. Me gusta acariciar sin tocar....

...y ya hace mucho tiempo que no lo toco...

boomp3.com

Canción: La Mala Rodríguez - Toca Toca

lunes, 17 de marzo de 2008

Vista


Me gusta mirar. Y follar con luz. Ya sea roja, azul, amarilla, la del amanecer, o la de las 2 del mediodía.
Necesito ver lo que me hacen, lo que hago y lo que me hago.
Pero, sobretodo, me encanta ver que me miren.

Pero ahora, últimamente, estoy aprendiendo a hacerlo sin luz. Y me sorprendo. Me sorprendo.
Sí, me sorprendo a mí misma con los ojos cerrados.

Imagen: Formentera, Illetes
Agosto 2003

lunes, 10 de marzo de 2008

Sola, en su cama


Abre el edredón demasiado pronto. Son las ocho, las siete o las cinco y media de la mañana y se mete en la ducha. Yo me quedo en la cama, dormitando. Se despide con un beso en la frente, en la mejilla, en el hombro, en la espalda o donde pueda. Oigo el portazo, el ascensor. Oigo el silencio y las plumas del edredón. Me deshago en un sueño profundo.
Algunas veces, por no decir bastantes, me despierto cuando me doy la vuelta. Alargo los brazos, sé que no está, pero busco su rastro. Encuentro algo, entre mis piernas. Me gusta masturbarme en su cama, sola, recreándome en la noche anterior. Suspiro, me muevo, murmuro, contraigo los músculos e incluso gimo. En mi cama lo hago en silencio, pero en la suya no. Quizás sea porque quiero que el colchón se amolde a mi placer, que las paredes se impregnen de mi orgasmo y que la casa respire sexo. Así la dejo lista para esa misma noche, para cuando yo no esté y él se masturbe solo, en su cama.


Foto: Playa Guadalmar, Málaga
Verano 2008

viernes, 7 de marzo de 2008

Asma


Se estaban riendo de aquel anuncio del Teletienda. En el aire flotaba marihuana crecida en alguna terraza del Eixample. Reían y reían. Hasta que a ella le entró el asma.

- ¿Qué te pasa?
- ... el asma, niño... que me mata. - buscó el Ventolín en el bolso, no lo encontraba.
- Espera - dijo él levantándose - ... que te voy a hacer el boca a boca..

Desapareció el Teletienda y con ella el asma.


New York en noviembre.

martes, 4 de marzo de 2008

Paletas y piropos

Los paletas son seres bien curiosos.
Representan la esencia viva de esa "bestia animal masculina" amoldada al siglo XXI.
Las principales características de este ser consisten en:
- Casco blanco/amarillo/rojo u otro color.
- Mono de trabajo azul eléctrico.
- Cinturón con destornilladores, cables, tijeras y otros utensilios.
- Cigarrillo en boca.
- Botas de montaña.
- Y, sobretodo, su lenguaje verbal.

El "piropo", comunicación exclusiva dentro de esta comunidad, se basa en decir frases hechas (y muchas veces deshechas) a miembros femeninos de otra especie.
Esta es una pequeña y real copilación de "piropos":
- "¡Moreeeena! Deja que estruje mi limón en tu almeja".
- "Moreeeena, eso no es caminar, eso es romper aceras"
- "Me ha entrado hambre... ¡déjame probar tus melones, moreeeena!"
- "Moreeeen, ¡que viva España, y tus curvas!"
- "¡Aaaaaaiii! Moreeeena, que culitoooo..."

Y así hasta el infinito. Cabe destacar el adjetivo/sustantivo "morena". Lo emplean para designar tanto a féminas rubias, castañas, pelirrojas y las que corresponden al mismo color de la cabellera ya designada.

A nivel personal, me gustaría ilustrar a los posibles paletas que lean este post que un "piropo" debería seguir las directrices del que me dijeron hace una semana escasa:

- "Oye, morena....
- ...
- Oye... perdona... que se te ha caido algo.
- (me giro)
- ¡El papel que te envuelve bombóooooon!"

Es efectivo, pues provoca en la "piropeada" una retroalimentación o feedback, haciendo que se gire y mire a los ojos a su "piropeante". Y además te dá una alegría.


Imagen: vistas desde mi balcón.

jueves, 28 de febrero de 2008

De cabeza


Llevo unos días que las eyaculaciones femeninas me traen de cabeza.
He visto algunos vídeos muy interesantes, pero siempre me venía el mismo pensamiento: ¿Esto es real?.
El desconocimiento que tengo sobre este tema me ha hecho, por una parte avergonzarme como mujer y, por la otra, ponerme manos a la obra. Me he ido informado de la 'eyaculación femenina' y sí, existe. Ahora no voy a soltar un rollo anatómico, pero sí, es físicamente posible que una mujer expulse líquido en un orgasmo vaginal. Con una buena estimulación del punto G el orgamo 'total' llega a su punto máximo y el resultado es una eyaculación. ¿Y si la estimulación es sólo clitoriana? ¿Se puede eyacular también? No se, porque yo no eyaculo. Así que decidí pasar al siguiente acto. Después de probarlo con esmero, en varias posiciones, varios lugares y con ayudas técnicas: nada de nada. No hay manera. Y mi duda es la siguiente... si llego al orgasmo vía clitoris ¿porqué voy a cambiar a la vagina?
Yo misma me contesto: porque quiero eyacular. ¿Habré sido actor porno en una vida pasada?
¡Qué dolor de cabeza!

Dibujo Sergio Mora

martes, 26 de febrero de 2008

Paso de cebra



Me gusta caminar por la calle escuchando musica y observar a las personas que están al otro lado del paso de cebra. Esperan, como yo, a que se ponga verde el semáforo. Algunas se miran entre ellas, otras hablan por el móvil, unas se impacientan y yo me imagino cosas. Muchas cosas.
Hace unos días un grupo de chicos jovencitos turistas esperaban al borde de la acera. No puede dejar de imaginarme la cara de uno de ellos en pleno éxtasis orgásmico. Forzando las cejas, abriendo la boca y dejan caer un gemido desgarrado.
Ya no me sonrojo al sorprenderme enzarzada en estos pensamientos. Me gustan, y me siento identificada.
Ojalá alguien al otro lado del paso de cebra se imagine lo mismo conmigo.



Imagen: Nueva York, noviembre 2007

miércoles, 20 de febrero de 2008

Y seguir durmiendo


Eran las siete de la mañana. Atrás quedaba una noche larga de música y cocktails caseros. De gente por todas partes, pelucas, gafas de sol y palos de escoba a modo de micrófono. Una fiesta, vamos.

Hizo aquel ritual casi sin percatarse en su cansancio. Se lavó la cara, se desmaquilló los ojos, se puso crema en las manos y se lavó los dientes mientras hacía su último pipí del día. O el primero.
Se desnudó empezando por los piés. Se puso la camiseta promocional de Miko al revés y abrió el edredón. Amoldó su cuerpo al de él. Estaba caliente y respiraba despacio. Su pecho contra su espalda. El cansancio les pesaba a los dos, pero la atracción era inevitable. Movieron las caderas a la vez, apretándose el uno contra el otro.

- Me... gustaría entrar... y seguir durmiendo – alcanzó a susurrar casi arrastrando las palabras. Ella no dijo nada y actuó por inercia, no dudó, también quería sentirlo dentro y quedarse dormida. Despacio se quitó la horrible camiseta con la pesadez de los brazos. Él se giró e hizo rodar las braguitas por sus largas piernas. Al desnudarlo, ella rozó su miembro, muy empinado, muy abultado, muy caliente... muy tierno.
Él la abrazó, ella lo hizo con las piernas. Se besaron en silencio y ahora fue él el que se amoldó al cuerpo de ella. Entró despacio, sin apretarla, sin jadeos, sin gemidos, sin susurros. De una vez, poco a poco, más y más, hasta que llegó al final. Y ambos fueron relajando el cuerpo, pausando la respiración y dejándose llevar por Morfeo. Y así se quedaron dormidos, él dentro de ella. Y ella dentro de él.

Era la una del mediodía. Unas pocas horas de sueño, pero habían recuperado algo de energía. Ella contrajo su cuerpo, sutilmente. Estaba soñando. Él se despertó poco a poco y sintió unas ganas irremediables de salir de ella para volver a entrar, de salir, de entrar, salir, entrar, salir entrar. Salir. Entrar. Y salir. Y entrar. Se movió dentro de ella, no quería despertarla, quería follársela mientras durmiese. Pero se despertó, abrió los ojos y sonrió al ver sus pupilas dilatadas.


Imagen: autojoautofotografiado

martes, 19 de febrero de 2008

Fiel a uno mismo

Quería hablar de la magnificencia del cuerpo humano. De lo que me gusta, de su calor, de su tacto. De su olor. De hecho he empezado, pero lo he borrado.

Ha venido a mí un recuerdo de este fin de semana. Los detalles y las grandezas me las reservo, porque no quiero alargar este pseudodiscurso, y para hacer este post cortito.
Un desconocido me tocó el trasero. Obscenamente. Sin ningún motivo, sin que yo se lo pidiese y, aún menos, sin haberle visto, ni si quiera, su rostro antes. No fue una rozadura furtiva en el metro. De esas que o no te enteras o prefieres hacerte la sueca. No. En pleno andén, rodeados de unos pocos pasajeros que esperaban en silencio, a las 3 de la mañana.
Al parecer le dije/grité muchas cosas. Y todas ordenadas, claras y muy racionales. De lo que recuerdo vívidamente es del momento en el que el chico se giró y se fue, cabizbajo. No me miró en todo el discruso. También recuerdo decir palabras como "mundo machista", "egoísmo", "mujer", "derechos", "libertad expresión", "superior", "violéncia de género", "humillación", "fuerza" e "inteligencia". Y, también, creo recordar que tanto en nuestro lado como en el andén de enfrente la gente acabó aplaudiéndome.
Ahora mi compañera de piso me dice que fue una oda a la mujer, a sus derechos y a la feminidad (que no feminismo). Físicamente salí de mis casillas, racionalmente fuí fiel a mi misma.

Pero yo quería hablar del cuerpo humano. De lo que me gusta. De su vello, sus pecas, las arrugas, las cicatrices, las pieles que suben y bajan...



Imagen: Gettyimages
¿Porqué? Porque es femenina, inocente, aparentemente débil pero inmensamente inteligente

sábado, 16 de febrero de 2008

Tópicos de género

Vale, voy a por un tópico. Perdonarme... pero es que no sé cómo empezar este post.

En el primer episodio de la primera temporada del inicio de todo de la serie Sexo en Nueva York, Carrie Bradshaw hace algo magnífico que me abrió los ojos, los brazos, las piernas y la mente a una nueva concepción del sexo, visto desde la perspectiva femenina.

Se encuentra con un ex-amante/novio/ligue de hace unos años. Alguien que le gustaba muchísimo, que le gustaría volver a probar su piel pero, comenta, tiene miedo de recaer, y reengancharse. Así que tras un paseo por el Upper East Side decide optar por una posición revolucionaria, a mi parecer, en la mentalidad de una mujer: actuar como un hombre.
Finalmente Carrie queda con el chico en cuestión. Un maromo de 1'90, espaldas grandes, castaño, sonrisa matadora y manos demasiado hábiles. Cena. Paseo. Besos en el portal. Y la siguiente escena revela a una Carrie extasiada por un cunnilingus. Tras el orgasmo de rigor, él aparece en el plano. Sonriente y sudoroso (...mmmmmh...) se acuesta a su lado.

- No ha estado mal... ¿eh?.
- ... Sí... bueno... normal - dice Carrie con los ojos cerrados y una media sonrisita.
- Se puede mejorar... venga... ahora te toca a tí. - dice el maromo señalando al emisferio sur.
- Creo que esta noche no va a poder ser. - dice la periodista mientras se levanta de la cama y se pone las braguitas - Sabes, esto me ha dejado muerta y mañana tengo que levantarme pronto. - Se abrocha la blusa casi transparente, se sube en sus Manolo's, se cuelga el Chanel del hombro y se contonea hasta la entrada.
- ¿¡Qué!? - llega a decir el otro desde la cama.
- Me lo he pasado .... bien. Gracias. Ya hablaremos. ¡Ciaaaoooo! - y portazo.

¡Ah...! estupendo. No problemas, no ralladuras mentales y no sentir como haberse comportado como un alivio sólo para el otro. Y no para ambos. Yo no me cuentro en tal situación extrema, pero a veces me sale la Dorada victimista y acabo adjudicándome ese rol. ¿Porqué? Precisamente por querer y dejarme sentir como una mujer con sus encorsetados tópicos.

Todo, a fin de cuentas, se reduce a los tópicos. Los estereotipos están ya formados y algunos de nosotros luchamos para no verlos o que los demás no los vean. Pero eso es el tópicos de los antitópicos. Y así hasta el infinito. Así que como ya estamos entopicados lo mejor es que intercambiemos estereotipos. Dependiendo del caso, of course...
Ahora lo veo claro, bueno... gracias a las tres horas de reflexión y un porro. Ahora lo veo claro. Muy claro. Pero... ¿y el lunes?. De lunes a viernes por la tarde somos unos estereotipos, y de viernes por la tarde a domingo al mediodía somos otros. Pero de esta teoría (que me trae de cabeza) ya hablaré en otra ocasión.

Basta.
Voy a hacer un ejercicio personal, adoptaré un estereotipo no muy propio de una mujer: ser más hombres.
El tópico sentimentalista me lo guardaré y ahora seré el tópico beneficio-propio.



Imagen propia
Lugar: Raval, Barcelona (16 de febrero de 2008)
Me encantan las terrazas en invierno con las estufas

martes, 5 de febrero de 2008

Esa canción

Lo reconozco, el vídeo es de lo más cutre de los 90.
Pero eso sí, cómo esta Helena Christensen y, sobretodo, cómo me pone esta canción.



Chris Isaak - Wicked Game (1989)

viernes, 1 de febrero de 2008

Ese sexo

¿Porqué les excita tanto a los hombres el sexo anal?


Dudas sexuales a las 3:23 de la mañana

miércoles, 30 de enero de 2008

Esa música

boomp3.com

Hablaba de una fiesta, de la gente que había, de la música que sonaba y de lo que estaba bebiendo. Sólo llevaba sus braguitas lilas y se tapaba con el edredón. Aunque la calefacción estaba puesta tenía frio. Él, sentado al borde del colchón, ponía Morcheeba. Le preguntó algo y ella contestó. Él la miró y vió sus pupilas dilatadas. Eso lo excitó. Ella se tumbó boca abajo y apoyó la cabeza en las palmas de la manos. Él deslizó la mirada por el edredón hasta que se topó con su enormes y brillantes ojos.
- Me encanta esta canción... - dijo ella. Instintivamente pasó la lengua por los labios, que ya estaban sonrojados por el calor que desprendía el edredón. Mantuvieron el silencio, ella se incomodó porque no dijiese nada y él se excitó al ver su lengua rosada. La música seguía flotando. Ella sonrió tímidamente.
- Sí... a mí... también - su voz se convirtió en un pañuelo de seda que te acaricia la nuca y baja por la espalda, despacio. Despacio. Suave. Despacio. Suave...
Ella notó que el calor se había disparado mientra él se movia hasta su cuerpo. No dejaron de mirarse. Él se recostó encima de ella. Notó su miembro, abultado y muy duro, entre sus nalgas. Ella cerró los ojos y sus respiraciones se confundieron con la música. Él le clavó el aliento en el oído, y eso hizo que ella se excitase aún más. Sus manos... esas manos que tanto la excitaban, se perdían: su mano izquierda la cogió por el cuello, fuerte. Y la derecha poco a poco fue deslizándose por la cadera. Ella clavó las rodillas en el colchón para levantar el pubis. Las yemas de sus dedos se colaron debajo de las braguitas de los domingos. Rozaron su vello y se abrieron paso por los labios, hasta que aprisionaron su clítoris. Ella respiraba despacio, con la boca abierta. Él le seguía sosteniendo el cuello. Le giró la cabeza y sus lenguas se encontraron. Estaban muy húmedas y sendientas la una de la otra.


Un polvo impresionante

martes, 15 de enero de 2008

9 Songs

El cine "no apto para todos los públicos" también nos ha dado buenas sopresas. Además de las películas clasificadas X, algunos reconocidos directores han filmado películas que caminan sobre esa línea floja que divide "lo explícito" de "lo sincero". "Lo edulcorado" de "lo azucarado". "Lo sucedáneo" de "lo real".



Michael Winterbottom es uno de esos directores malabaristas.
En 9 Songs el sexo es explícito. Hay escena de penetración, felación y cunnilingus. Todo. Todo. Y todo. ¿Lo mejor? La historia que cuenta. Con la escusa de 9 canciones, Winterbottom acerca la cotidianidad de una joven pareja de tal manera que casi sientes sus gemidos. ¿O son los tuyos?
Mi escena favorita, una penetración contra la ventana: la luz acaricia al alféizar, resbala hasta sus cuerpos y cae hasta el suelo.
Sublime.

lunes, 14 de enero de 2008

A fond kiss

Muchas películas "aptas para todos los públicos" han pretendido acercar al espectador a la realidad de un encuentro sexual. En vano, algunas se han acercado. Otras se han quedado a medio camino entre un beso apasionado bajo la lluvia y el cigarrito post-coital.



Pero recuerdo una que me gustó. Un film bonito, casi una copia barata de Romeo y Julieta, pero con sentido. En A fond kiss la protagonista goza de un cunnilingus magnífico. Además de lo sexual que es la escena, el sentmiento que desprenden los protagonistas encoge el estómago. Una escena bien rodada, delicada, suave como la piel de ella y profunda como los ojos de él.

sábado, 12 de enero de 2008

Fuentes de información sexual

La televisión es una buena fuente de información sexual. Desde las películas porno cutrillas en canales locales hasta programas especializados.
Todos Ahhh 100 es uno de ellos. Se emite los viernes y sábados a partir de la 1:30 de la madrugada en La Sexta. Ellos mismos se definen como un programa para "afrontar con naturalidad y humor un tema que interesa a toda la audiencia: el sexo".
Así que ya sabeis, 60 minutos altamente recomendables.


Imagen: http://www.lasexta.com/todosacien/