jueves, 20 de enero de 2011

3 años

Ah... este blog acaba de cumplir 3 años.
Quién me lo iba a decir.
Gracias a todos.

Aroma matinal


El olfato es un sentido muy dictatorial en el sexo. Nuestro instinto más animal todavía florece cuando pasamos cerca de alguien que huele. No a rosas, orquídeas, madera de boj o musgo. Sino ese olor intenso que emana de nuestro interior.

Y mi perdición, algo que ya he comentado que me sucedía con Olivier, es el aliento matinal. Hay días en que mi Sofía huele fuerte. Un olor gástrico consecuencia de haber comido hace muchas horas y mal.

Pero la mayoría de mañanas su respiración es cálida, envolvente. Puede que la comparación sea un poco extraña, pero su aliento me recuerda a una escena en la película El imperio contraataca (La guerra de las galaxias II), cuando Han Solo, en medio de la nieve y a unos 20 grados bajo cero, se ve obligado a abrir en dos a su medio caballo medio velociraptor, para introducir a Luke Skywalker y cobijarlo del frío. Esa sensación de calor, de vientre materno. Ese es el auténtico aroma matinal.

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miércoles, 19 de enero de 2011

Justo después de correrse

su cara lo inunda todo.


Cuando Sofía se corre lo hace con fuerza. Machacándose el clítoris. Y cuando, finalmente, desgarra ese orgasmo casi aterrador, toda su fuerza se desvanece. Y entonces viene su mirada limpia, sus labios calientes y rojos, sus pómulos rosados, su pelo enredado entre mis dedos.
Justo después de correrse, Sofía lo es todo e inunda la cama, la habitación, nuestro piso, el barrio, la ciudad...


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martes, 18 de enero de 2011

Muertes y entierros

No quiero volver trágica, pero se ha muerto alguien cercano a mi familia. Concretamente mi abuela y necesito desahogarme.

Mi relación con ella era especial. Especial en el sentido de que no era normal. En el sentido de que yo no jugaba el papel de "nieta" ni ella el de "abuela", aunque siempre había luchado por ello. No me caía bien, no me demostraba amor sincero o, al menos, a mí manera. Ni tampoco a mis hermanos. Pero me cuesta reconocer que su pérdida me ha dolido.

Le he deseado la muerte en más de una ocasión. Incluso ideé un plan para acabar con ella. Pero jamás pude. La Muerte vino a por ella. Se me adelantó.
Ahora, unos días después, me repongo de la devastadora imagen de un entierro. Algo que jamás había visto y que me parece la situación más macabra que había imaginado.
¿Cómo el hombre desea ver estas cosas? ¿Qué nos aporta observar cómo una caja se introduce en un agujero en el suelo? Quizás sea mi vertiente más periodística que aflora como escudo a mis propios sentimientos, pero creo que los entierros no deberían ser necesarios. O, al menos, ante los familiares.
Uno debería morir donde quisiese, o donde hubiese caído muerto. Unos profesionales deberían recoger el cuerpo, introducirlo en una caja y enterrarlo en el suelo. O, mejor, incinerarlo. Y punto. La familia en su casa, llorando su muerte, su no-presencia.

La muerte es una mierda y yo no estoy preparada para vivirla de más cerca.



jueves, 26 de noviembre de 2009

Si las paredes hablasen...


Hace unos días me enteré de una nueva inauguaración. Un local nocturno situado en Bailén 22. ¿Os suena? Claro, ahí mismo, donde bailaron mujeres, donde hombres babearon ante preciosos traseros, tersos, dulces.
Ahí, donde las paredes sudaban y el aire olía a sexo, se inaugura Cabaret Berlín. Sólo porque el cartel lo ha hecho mi idolatrado Sergio Mora lo tendré en cuenta para mis salidas nocturnas.

Cabaret Berlin
Sergio Mora

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Tu cintura...

La besé en el pasillo y ella me miró con recelo. No puedo, no puedo, la beso y me vuelvo loca. La abrazo por la cintura, la agarro con fuerza, la estrecho contra mi estómago. Ella me gira la cabeza. "No te pongas remolona... ya sabes... que me encanta", le digo con mis labios cerca de esa peca que parece hecha con el pincel más fino.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Amar(te)

Y ella me dijo: "Es un reto amarte cada día".



E hicimos el amor.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Ruta 69

Arranco mis besos en sus labios. Siempre los tienes calientes. Y son tan suaves, tan blandos, tan esponjosos. Tan tiernos.
Recorro su cuello, su tortuosa clavícula, sus suaves y montañosos pechos. Bajo por el vientre, dulcemente paso mis mejillas. ¿Cómo puede tan irresistible la piel de una mujer? Paso la frontera del color, dejo atrás el moreno de su piel y me adentro en la marca de su bikini. Ella me empuja, nos tumbamos de lado, cómodas. Ya lo huelo. Casi llego. Alargo la lengua, la punta, sólo la punta, hasta su clítoris. Está ardiendo, húmedo, salado... Me pierdo. Me he perdido. Mierda, nos hemos perdido.

Y de mientras escuchamos esto.



La mgnífica Cora Novoa y su estremecedor Unattainable Love

jueves, 17 de septiembre de 2009

Suavidad femenina




La suavidad de un cuerpo femenino es de las sensaciones más perfectas que he experimentado.

Normalmente, las mujeres heterosexuales, no solemos manosear a nuestras amigas en busca de ese tacto dulce, tierno. Sí, hemos tocado una mano, una espalda al ponerle la crema, quizás los piés al ofrecernos para hacerle un masaje. Pero no hemos s-a-b-o-r-e-a-d-o un cuerpo de mujer. Entero.

Recorrer desde los pómulos hasta los tobillos. Dibujar sus labios con nuestros dedos, resbalar las yemas por el cuello, los pechos, los pezones reboltosos. Serpentear en la barriga, perderse en su ingle. Esa sensación sólo se sabe apreciar si te gustan, de verdad, las mujeres, y a mi me encantan. Es decir, me encanta Sofía, y su cuerpo.

Es tremendamente perfecto. Alargado, moreno, terriblemente suave, caliente, sin ser demasiado blando, ni demasiado duro. Agarrable hasta la saciedad.

Ultimamente, cuando se me tira encima, la cojo por la cintura. Abro bien mis manos, le rodeo perfectamente los costados y la aparto un poco. Quiero ver su barriga, sus diminutas cicatrices. Y paso la mano por allí, y por aquí, y más allá. Y me pierdo en su suavidad.

[Ah, por cierto, mañana cumplo 26 años. A mi edad y haciendo estas cosas...]

Sergi Mora

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Mi niña se me corre


Y yo que pensaba que todas las mujeres nos masturbábamos igual.
No, no, qué equivocada estaba.

Sofia se masturba como una batidora a máxima potencia. Y, claro está, yo intento hacerle lo mismo. Pero una no tiene el brazo derecho como Serena Williams y, a los tres minutos, noto como el músculo se me ha subido hasta la oreja.
Pero supongo que es como lo que dicen las madres cuando les preguntas: "¿Y no te dolió el parto?" y responden "Ai, niña, cuando tienes a tu hijo en los brazos, con pocos segundo de vida, te olvidas de todo tipo de dolor".

Pues así es como me siento cuando mi niña se me corre. Me olvido del brazo derecho, de la rodilla izquierda totalmente doblada, del tobillo derecho aplastado contra la pared y de la gota de sudor resbalando por mi cuello. Porque cuando una mujer llega al orgasmo un trocito de ella muere. Se desgarra.
Tiene un punto sadomasoquista. Sí, ya que controlar el ritmo de un clítoris se acaba convirtiendo en una dulce agonía.


Lindsy Lohan en la portada de NewYork de Marilyn.


[No... todavía no he vendido nada, pero ya tengo dos reuniones concertadas. Y subiendo.]