Se acabó.
He dejado a Olivier.
Casi un año de intimidad, confidencias, cariño, sinceridad, sexo, ternura, diversión. Y mis sentidos, malditos ellos, acabaron por sucumbir a mis sentimientos.
Es una agonía echar tanto de menos a alguien sabiendo que vive en tu misma ciudad, sabiendo lo que le gusta, lo que no, lo que le excita, lo que le enloquece... Y a mí es él el que me enloquece.
Todo el fin de semana para despedirnos. Largas conversaciones sobre mí, sobre él y sobre los dos. Me he ido de su lado, difícil, torpe, y eso me hace quererlo aún más.
- "Qui lo sá..." - me dijo en el coche, el domingo a las 6 de la tarde.
Y ahora sólo me queda eso. Mi incertidumbre, y la suya, a la que me agarro con esperanza. Pero qué hay más horrible en este mundo que engañarse a uno mismo, que mentirse, que decirse medias verdades.
Estoy muy triste.
martes, 17 de junio de 2008
miércoles, 4 de junio de 2008
Casi me acuesto con otro

Y digo casi porque no pasaron de un par de manualidades hechas con demasiada prisa y poco empeño.
A Olivier (nombre ficticio de ese hombre que me trae de cabeza) lo había visto el viernes por la noche. Se me hacía la boca agua cuando me besaba. Unas cuantas semanas sin sexo y ya parecía una perra sedienta. Y así acabamos, haciéndolo como animales. A cuatro patas. Despacio y con algún que otro arañazo.
El sábado, en otro reencuentro nocturno en el mismo local de pijos, me volví a encontrar con Julio (nombre ficticio para el otro). Estaba ansioso, como yo la noche anterior. No paraba de sobarme, de decirme que esa noche "haríamos el amor", de invitarme a copas, de besarme delante de sus amigos. De mimarme. Se hicieron las seis de la mañana, llovía y cogimos un taxi. Yo miraba por la ventana, él me miraba. No me hacía sentir incómoda, simplemente necesitaba que me adorasen esa noche.
Subimos a mi piso. Entramos en mi habitación y me tumbé en la cama. Sólo quería dormir y luego, quizás, lo que fuese. Todavía no había descansado lo suficiente del sexo animal de la noche anterior. Se tumbó a mi lado, me abrazó y me quedé a medio camino entre un prado de amapolas y mi minúsculo dormitorio. No tardó en buscar mi entrepierna. Sus manos las notaba como las de Olivier: dedos gruesos, pulgares amplios y articulaciones robustas. Pero no eran las suyas. Eran de Julio y querían dar la talla. Rápido y guarro sin ser excitante. Nada excitante. No sé si estaba dormida, o quizás era la cantidad de alcohol en sangre, o, seguramente, porque no estaba pensando en él.
- "No tengo preservativos" - me soltó en una especie de susurro jadeante.
- "Pues yo tampoco" - le dije. Volvió a buscar mi entrepierna y apretó su miembro. Se estaba quitando los calzoncillos cuando me dí cuenta.
- "No..." - No. Sólo follo sin preservativo con Olivier. No con Julio.
- "Tranquila, tranquila... tranquila" - me dijo. E hizo un intento de hacerme un cunnilingus. Le cogí la cabeza y la subí a mis labios. No quería una decepción más. Sólo Olivier, de momento, sabe cómo hacerlo. Y siempre, siempre, siempre, recreo sus cunnilingus cuando me masturbo. Sólo él es capaz de acercarme al orgasmo. Pero Julio, no.
- "¿No quieres que te lo chupe?" - ¿Que te lo 'chupe'? ¿Chupe? ¿Acaso soy un Chupa-Chups de sandía, o de fresa, o de limón?
- "No, ahora no" - le contesté.
- "¿Quieres ver el cielo?" - me soltó. ¿¡El cielo!?
- "No Julio, ahora no. Tranquilo, estoy bien así" - le contesté.
Me quedé dormida mientras él jugueteaba con mi pezón derecho y yo con Olivier.
Lo malo del asunto es que Julio me hace reír con las tonterías que dice. Y yo hago reír a Olivier.
Le he dicho a mi compañera de piso, sin pensar, que me acabaré acostando con Julio. ¿Lo haría? Capaz lo soy, pero quizás eso haga que me ate, aún más fuerte, al cuerpo de Olivier. A sus manos, a sus ojos, a su olor, a sus oídos. A su lengua.
Imagen: "Fetish Fémina" de Sergio Mora
jueves, 29 de mayo de 2008
No puedo más...
boomp3.com
... con mis compañeras de trabajo.
... con el estrés.
... con no comer bien.
Pero, sobretodo, no puedo más con no follar.
... con mis compañeras de trabajo.
... con el estrés.
... con no comer bien.
Pero, sobretodo, no puedo más con no follar.
Autor: Sébastien Tellier
Canción: Roche
Álbum: Sexuality
Canción: Roche
Álbum: Sexuality
sábado, 3 de mayo de 2008
Gusto

Todavía tenía la menta del mojito en el fondo del paladar.
Y la marihuana empezaba a estar peleona entre mis labios.
En la tele sale un plato de verduras troceadas con una salsa rojiza humeante. Segrego saliva, no sé si por esa imagen o por que está a mi lado, jugueteando bajo mi braguita.
Me da un vaso de vino blanco: José Pariente. Fuerte, seco y muy ácido. Odio el vino blanco y lo sabe.
Me besa. La uva verdeja todavía está en sus labios, salivo y le borro ese sabor con otro beso. Abrimos la boca, mi lengua toca la suya y puedo adivinar su postre: una manzana ácida.
Me acerco a su cuello, él pierde sus manos entre mis nalgas. Huelo su pelo y ruedo la lengua hasta su ombligo. Sabe a antipolillas de lavanda, a Ariel, a Lactovit pero sobretodo, a sudor. Fuerte, palpitante.
Su pene, erecto, colorado. Suave. Muy suave. Lo pruebo tímidamente. Lo beso y me deshago, de una vez, del vino blanco. Restriego la lengua a lo largo de su falo, cato sus entrañas, su sabor, su esencia.
¿Ha frotado su polla con menta? No, no. Soy yo. Estaba al fondo de mi paladar y ahora está en su pene. Su falo sabe, a lo largo y ancho, a menta. Y yo he sido la cocinera.
Bajo a los testículos con la lengua, están blandos y saben a dos tomates demasiado salados. Los derrito con mis labios. Me mira, lo miro. Poso mi menta en sus muslos, subo hasta su ombligo y me da a probar su manzana verde. Yo le doy más menta, él busca la copa de vino blanco. Le paro antes de que acerque el borde a sus labios. Dejo el vaso en el suelo y ahora su manzana está entre mis piernas.
domingo, 20 de abril de 2008
Oído
Me he cambiado la melodía del móvil y todavía no la identifico. Suena, un, dos, tres tonos y entonces me doy cuenta que es el mío.
Bajo y hablamos en inglés. Una melodía que, hasta hace seis meses, me recordaba a la familia. Y ahora a él.
El sonido de su moto es grave, como su voz. Ronca, como la mía por la mañana.
Las llaves en la cerradura de su puerta retumban en la escalera. Tintinean contra la madera, con fuerza.
La luz de su cocina sesea, como un pervertido mosquito con hambre de sangre.
Oigo el vino en el borde de la copa, en sus labios, sobre su lengua, en su garganta, en su estómago. Mi copa suena hueca en el parquet.
Chasquea el mechero.
Suspiro.
Él respira en mi cuello, un tornado sube por mi oreja. El aire arrastra las palabras que sobran. Todas.
Como unos pequeños engranajes, así suena la cremallera de mi pantalón. Y su piel susurra cuando le quito los pantalones.
Soplo, resopla.
Gimo, gime.
Jadeamos.
Puerto de la Barceloneta
19 de abril de 2008
19 de abril de 2008
viernes, 11 de abril de 2008
Olfato

Cuando me va a venir la regla, como muchos ya sabemos, me vuelvo muy sensible. Ligeramente sensible sentimentalmente y exageradamente sensible físicamente.
No me puedo depilar, porque se me hace insoportable.
Si me rozan, los pezones borbotean dolorosamente.
Y puedo llegar a perseguir a alguien por la calle sólo por su perfume.
Y el mejor olor visceral que conozco es el del aliento matinal. Cuando todavía Morfeo me coge de la mano y con la otra rebusco entre las sábanas, ese aroma consigue despertar mis sentidos aún sin estar en vísperas del período.
Asomo la nariz a su boca y sorbo su aroma. Porfundamente. Abriendo el pecho, los bronquios, la boca... mi sexo.
Bebo de su boca y él de la mia.
Huelo su pelo, una mezcla entre champú de cítricos y humo.
Sus manos huelen a mí. Todavía. Desde ayer.
Y yo,
yo...
yo apesto a su semen.
Ilustració: Sergi Mora
sábado, 5 de abril de 2008
Tacto
Cuando follo prefiero hacer con luz. Con los ojos. Con la mirada.
Pero cuando toco, acaricio, rozo, prefiero hacerlo con los ojos cerrados.
Lo tengo muy comprobado: siento la diferencia entre pieles, temperaturas, rugosidades, suavidad... Y su espalda es demasiado suave. Tanto que las yemas de mis dedos se queman, arden como las brasas. No me gusta acariciarlo con la palma de la mano. No. Con la punta de mis dedos. Me gusta acariciar sin tocar....
...y ya hace mucho tiempo que no lo toco...
boomp3.com
Pero cuando toco, acaricio, rozo, prefiero hacerlo con los ojos cerrados.
Lo tengo muy comprobado: siento la diferencia entre pieles, temperaturas, rugosidades, suavidad... Y su espalda es demasiado suave. Tanto que las yemas de mis dedos se queman, arden como las brasas. No me gusta acariciarlo con la palma de la mano. No. Con la punta de mis dedos. Me gusta acariciar sin tocar....
...y ya hace mucho tiempo que no lo toco...
boomp3.com
Canción: La Mala Rodríguez - Toca Toca
lunes, 17 de marzo de 2008
Vista

Me gusta mirar. Y follar con luz. Ya sea roja, azul, amarilla, la del amanecer, o la de las 2 del mediodía.
Necesito ver lo que me hacen, lo que hago y lo que me hago.
Pero, sobretodo, me encanta ver que me miren.
Pero ahora, últimamente, estoy aprendiendo a hacerlo sin luz. Y me sorprendo. Me sorprendo.
Sí, me sorprendo a mí misma con los ojos cerrados.
Imagen: Formentera, Illetes
Agosto 2003
Agosto 2003
lunes, 10 de marzo de 2008
Sola, en su cama

Abre el edredón demasiado pronto. Son las ocho, las siete o las cinco y media de la mañana y se mete en la ducha. Yo me quedo en la cama, dormitando. Se despide con un beso en la frente, en la mejilla, en el hombro, en la espalda o donde pueda. Oigo el portazo, el ascensor. Oigo el silencio y las plumas del edredón. Me deshago en un sueño profundo.
Algunas veces, por no decir bastantes, me despierto cuando me doy la vuelta. Alargo los brazos, sé que no está, pero busco su rastro. Encuentro algo, entre mis piernas. Me gusta masturbarme en su cama, sola, recreándome en la noche anterior. Suspiro, me muevo, murmuro, contraigo los músculos e incluso gimo. En mi cama lo hago en silencio, pero en la suya no. Quizás sea porque quiero que el colchón se amolde a mi placer, que las paredes se impregnen de mi orgasmo y que la casa respire sexo. Así la dejo lista para esa misma noche, para cuando yo no esté y él se masturbe solo, en su cama.
Foto: Playa Guadalmar, Málaga
Verano 2008
Verano 2008
viernes, 7 de marzo de 2008
Asma
Se estaban riendo de aquel anuncio del Teletienda. En el aire flotaba marihuana crecida en alguna terraza del Eixample. Reían y reían. Hasta que a ella le entró el asma.
- ¿Qué te pasa?
- ... el asma, niño... que me mata. - buscó el Ventolín en el bolso, no lo encontraba.
- Espera - dijo él levantándose - ... que te voy a hacer el boca a boca..
Desapareció el Teletienda y con ella el asma.
New York en noviembre.
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