miércoles, 4 de junio de 2008

Casi me acuesto con otro



Y digo casi porque no pasaron de un par de manualidades hechas con demasiada prisa y poco empeño.

A Olivier (nombre ficticio de ese hombre que me trae de cabeza) lo había visto el viernes por la noche. Se me hacía la boca agua cuando me besaba. Unas cuantas semanas sin sexo y ya parecía una perra sedienta. Y así acabamos, haciéndolo como animales. A cuatro patas. Despacio y con algún que otro arañazo.

El sábado, en otro reencuentro nocturno en el mismo local de pijos, me volví a encontrar con Julio (nombre ficticio para el otro). Estaba ansioso, como yo la noche anterior. No paraba de sobarme, de decirme que esa noche "haríamos el amor", de invitarme a copas, de besarme delante de sus amigos. De mimarme. Se hicieron las seis de la mañana, llovía y cogimos un taxi. Yo miraba por la ventana, él me miraba. No me hacía sentir incómoda, simplemente necesitaba que me adorasen esa noche.

Subimos a mi piso. Entramos en mi habitación y me tumbé en la cama. Sólo quería dormir y luego, quizás, lo que fuese. Todavía no había descansado lo suficiente del sexo animal de la noche anterior. Se tumbó a mi lado, me abrazó y me quedé a medio camino entre un prado de amapolas y mi minúsculo dormitorio. No tardó en buscar mi entrepierna. Sus manos las notaba como las de Olivier: dedos gruesos, pulgares amplios y articulaciones robustas. Pero no eran las suyas. Eran de Julio y querían dar la talla. Rápido y guarro sin ser excitante. Nada excitante. No sé si estaba dormida, o quizás era la cantidad de alcohol en sangre, o, seguramente, porque no estaba pensando en él.

- "No tengo preservativos" - me soltó en una especie de susurro jadeante.
- "Pues yo tampoco" - le dije. Volvió a buscar mi entrepierna y apretó su miembro. Se estaba quitando los calzoncillos cuando me dí cuenta.
- "No..." - No. Sólo follo sin preservativo con Olivier. No con Julio.
- "Tranquila, tranquila... tranquila" - me dijo. E hizo un intento de hacerme un cunnilingus. Le cogí la cabeza y la subí a mis labios. No quería una decepción más. Sólo Olivier, de momento, sabe cómo hacerlo. Y siempre, siempre, siempre, recreo sus cunnilingus cuando me masturbo. Sólo él es capaz de acercarme al orgasmo. Pero Julio, no.
- "¿No quieres que te lo chupe?" - ¿Que te lo 'chupe'? ¿Chupe? ¿Acaso soy un Chupa-Chups de sandía, o de fresa, o de limón?
- "No, ahora no" - le contesté.
- "¿Quieres ver el cielo?" - me soltó. ¿¡El cielo!?
- "No Julio, ahora no. Tranquilo, estoy bien así" - le contesté.

Me quedé dormida mientras él jugueteaba con mi pezón derecho y yo con Olivier.

Lo malo del asunto es que Julio me hace reír con las tonterías que dice. Y yo hago reír a Olivier.
Le he dicho a mi compañera de piso, sin pensar, que me acabaré acostando con Julio. ¿Lo haría? Capaz lo soy, pero quizás eso haga que me ate, aún más fuerte, al cuerpo de Olivier. A sus manos, a sus ojos, a su olor, a sus oídos. A su lengua.


Imagen: "Fetish Fémina" de Sergio Mora

3 comentarios:

W. Somerset dijo...

no lo hagas. Aún estás demasiado intoxicada.

Maldita inocencia dijo...

Casi.

Besos

carlitos dijo...

mmm...
esquivas esperanzas para "los otros" como yo... pero esperanzas


11 besos